imbolc


yo decido el camino de mi vida

sin título.

mis ojos son la tierra
sobre la cual el viento de tu mirada jamás corre...
y mis labios son el desierto
que yace quieto y árido,
sin que tu lluvia me bañe.
siempre que te miro
desapareces,
y a pesar de eso
yo sigo mirándote...
y mi mirada no desiste
a pesar de mi tristeza...
porque es en mi tristeza donde habitas.
mi corazón es la noche
donde vuelan los murciélagos...
ciegos, sin nadie que quiera mirarlos...
cortando el aire quieto,
sabiendo su propio camino...
sin tropezar con nadie,
porque nadie hay...
sólo el cantar del silencio...
y la arena intacta y fría.
soplo como el viento,
buscándote en cada camino...
pero nunca te encuentro,
nunca logro llegar a ti,
a ese lugar donde tus ojos por fin me miren
y escuchen lo que soy capaz de decir.
a menudo pienso que te has ido
y es cuando me canso de caminar...
pero el temor es más grande...
temor de que todo lo que soy se pierda
y que no sepas quién fui.
por eso sigo hablándote,
mirándote aunque no me veas,
aunque parezcas no estar...
porque sigo siendo tuyo,
porque te amo...
y te amaré para siempre.

la mirada de nostalgia.

amo tu tristeza,
la amo y la bendigo.
gracias por mirarte reflejado en mi espejo.

gracias por sentirme
y sentirme tuyo,
por reflejarme lo que
anhelo ser,
pero que ya soy por naturaleza.

te bendigo como un beso,
como un pensamiento constante,
como un suspiro.
te bendigo como las voces
que traen a nosotros
los ecos de sabiduría y aliento.
a ellos invoco,
yo, tu hijo,
a ellos invoco para que acudan
a mi círculo más puro,
al del amor...
y en el nombre del amor,
yo te bendigo,
tristeza.

que la luz nos bañe,
dentro y fuera de sí misma,
de nosotros mismos.

que la lluvia nos bañe,
como me bañan tus lágrimas,
porque en ellas
reconozco mi propia debilidad,
mi magia
y lo más puro que en mí existe.

te amo, tristeza,
como el fluir de los ríos,
y a ellos invoco y suplico
que nos bendigan,
y nos permitan fluir eternamente
en el eterno caudal
que lleva a nosotros mismos.

en el nombre del amor,
del principio, centro y fin
de todo el universo,
espíritu que das vida a todo cuanto existe...
sáname, gran río,
limpia de mi tristeza
las lágrimas,
para que fluyan puras
desde el fondo de mi alma...
para que me sumerjan,
en mi propio centro...
y que tus ojos sean mis ojos,
que tu boca sea mi boca,
y que tu corazón
lata al unísono
dentro de mi corazón.

te amo,
tristeza.