31 de julio de 2007

7 candelabros de los que tienen velas amarillas, con luces amarillas... en la vieja casa de la anciana olvidada por los amantes... con el techo verde pálido, color de las venas en las sienes y en las uñas... atravesando el pasillo con la banca de madera podrida y el niño de madera podrida (que por cierto, se robaron)... el pasillo de fantasmas y cadáveres... bajo el candil de perlas trenzadas... entre las redes del polvo, entre las redes de las viudas vestidas de negro...
sonidos que parecen ridículos, y que sin embargo, encierran secretos que parecen vergonzosos, pero que en realidad son sinceros... tan sinceros como el descontento, como la resignación... como las mentiras, esas mentiras que sólo dicen la verdad, la verdad que se niega a ocultarse, a morir, a desgarrarse... la verdad.
un recuerdo como un tono, como el tintineo de un objeto retumbante y a la vez delicado... como los cristales, como un cristal transparente, puro, verdadero... como los sueños de alguien que nunca ha llorado, de alguien que sólo en sueños conoce las lágrimas, que sólo es culpable de suponer, que sólo es culpable de tener fe...
como los sueños impolutos de una virgen que ha muerto en la memoria de los sueños, los ideales, las añoranzas... que de tan bellas se tornaron ridículas... ridículas como la fe, como la esperanza de creer, de seguir creyendo...
23:35 pm

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