gloomy sunday

no es sunday, más bien es la noche de un monday... y yo siento esta maldita ansiedad que tanto detesto... esta ansiedad de sentirme solo, de sentirme despreciado, de sentirme olvidado... despojado. estos últimos días han venido tan rápido como se van... no recuerdo lo que he hecho estas tardes... estas noches, es como si los minutos tuvieran conciencia de su peso, de su lacerante peso... y fueran piadosos... y pasaran rápido, inadvertidamente, como para hacer menos dolorosa mi agonía ante la verdad... ante esta verdad vacía, tan llena de abandono.
las últimas horas han pasado muy rápido, tanto que casi las olvido por completo, manteniendo sólo la conciencia de lo que hice en ellas, sin ningún recuerdo detallado, sin ninguna sensación experimentada en el transcurrir de los minutos. es como si hubieran estado vacías... pero aquel vacío no se compara con el que siento en este momento...
no logro encontrar una salida, alguna puerta que me saque de esta ansiedad... escucho una canción sobre la cual se cuenta una leyenda urbana, que dice que cuanto atormentado la escuche estando en un estado de depresión profunda, se sentirá animado, casi empujado al suicidio... hasta que por fin... se suicide, yo la escucho para distraerme... para no pensar en esta ansiedad... pero no logro separarme de ella.
mágicamente siento el movimiento de mis dedos... mis yemas rozan el teclado rápida e intermitentemente... y me parece maravillosa la facultad del sentido del tacto para comunicar nuestra mente y nuestro corazón con nuestro exterior. el solo tacto de un objeto me remite a historias tan elaboradas... a lugares tan complejos y extensos... qué mágicos resultan estos vínculos!! casi como la brecha entre los vivos y los muertos.
en las últimas horas recuperé un objeto pequeño, cotidiano, simple... y sin embargo, capaz se hacerme sentir en el más profundo olvido, en el aislamiento más amargo.
siento este objeto como el único vínculo que me unía a alguien, alguien especial... alguien que ahora siento tan lejos... como si hubiera muerto. el paradero de este objeto significaba un vínculo entre estos dos mundos, el mío y el suyo... y al regresar al mío, me aisló para siempre del suyo...
y siento haber dado un paso tan definitivo como el de la vida a la muerte...
ahora sí me siento lejos... ahora sí lo estoy, ya no hay nada que me una, nada que remita a mí, ningún pretexto para mirarse en mis ojos de nuevo... y ni siquiera hubo palabras, ni más tacto que el de este simple y pequeño objeto. no hubo despedidas palpables... no fueron necesarias, el adiós ya iba implícito... quizá ya había sido dicho desde hacía tiempo. un adiós gritado a los cuatro vientos, y sin embargo, silencioso... con un silencio que no era sutil, sino cobarde.
tan cobarde como me siento ahora, que quiero correr lejos de esta ansiedad, que quiero huir, alejarme, esconderme de esta maldita ansiedad, de esta verdad, de la realidad del adiós.
quisiera que mis estrellas pudieran mirarme, y se conmovieran con mi sentimiento de abandono, con esta tristeza, y pudieran hacer magia una vez más, para cambiar mi presente, y que no se hubiera ido, que hubiera sido real... pero esta ansiedad también me trae un miedo tan oscuro que mata por completo el brillo de las estrellas, y no me deja creer en la magia, así que siento desgraciadamente, que mi presente no cambiará, y que mañana será tan oscuro como esta noche, y que estaré tan solo y tan despojado, como ahora.
aún me queda la fe... esa fe tan sincera, tan pura... que estoy seguro de que los minutos siguientes serán tan misericordiosos como los pasados días, y no me daré cuenta de su paso.

1 comentarios:

Unknown dijo...

Siempre han sido contradictorios los sentimientos, las emociones, las sensaciones, sentimos distinto a como actuamos y reaccionamos como creemos que es nuestro instinto. Sin embargo, son gratos los cúmulos de errores que se van añadiendo a nuestra mundana existencia. La muerte y el dolor, van de la mano y nos hacen un gran provecho a nuestra vida, pues nos recuerdan que la felicidad es efímera, pero mucho muy benéfica. Vivamos pues, que la muerte aguante un poco más y suframos para alcanzar el gozo del dolor. Aunque sea solo un poco. Un abrazo.