mironeando blogs ajenos conocí el trabajo de los artistas Aziz+Cucher, quienes borran los ojos, boca y orificios nasales de sus modelos para simbolizar la incomunicación del ser humano con el medio que nos rodea.
creo que en algún momento todos nos hemos sentido así, gritando lo que sentimos, sin siquiera ser vistos por quienes necesitamos... todo parece una broma, un comentario cualquiera lanzado al aire entre trago y trago, cualquier palabra no es más que una referencia de otra cosa, un motivo para distracción y dejar a la mente divagar entre muchas otras palabras que perecen tener más importancia y significado que nuestra súplica por hacernos escuchar.

viajesote

ayer desperté más tarde de lo normal... debí hacerlo más temprano, pero no fue así... miré el teléfono, me enojé... y me levanté. durante el baño pensé en todo lo que debía hacer, pero descubrí que no era mucho, en realidad casi nada. estrené una playera, me puse los mismos pantalones del día anterior, que creo que eran los mismos del día anterior a ese... mis tenis, y una chamarra gruesa para el frió. bajé la escalera, tomé un baso con agua porque tenia sed, y salí de la casa. empecé una ruta que tenia bastante tiempo que no recorría, tomé un camión, llegué al metro y descubrí que a esa hora, quizá todos los días, el mundo era horrible. después de unos minutos atorado entre muchas personas pude abordar el tren, intenté leer un libro que compré recientemente, pero me distraje pensando en algo raro... los días pasados en que esperaba ser feliz en su totalidad... recordé la impresión que tenia de la gente que me rodeaba, de los lugares que frecuentaba... recordé uno de los días más felices de mi vida, hace unos meses... en el que pude sentir que brillaba como el agua cristalina, que era puro y limpio como una brisa refrescante... un día en el que nunca me sentí ridículo, o sucio, o torpe, o solo... un día en el que me sentí muy querido, en el que me sentí acompañado por mucha gente, y respetado, e interesante...
cerré el libro, creo que kandinsky no es para leerse en un vagón de metro... al menos no por mi.
transbordé en la estación que debía, y llegué a la otra línea, con el doble de gente, dejé pasar un tren si que pudiera abordarlo, luego esperé muy poco al siguiente y subí. me quedé parado viendo el andén en movimiento, luego escuché el sonido, las puertas se cerraron, el tren avanzó, el túnel se hizo oscuro, escuché el sonido respectivo, el túnel se iluminó nuevamente, llegamos al anden siguiente, el tren se detuvo, se abrieron las puertas, la gente se movió, se oyó el sonido, se cerraron las puertas.... esta secuencia se repitió unas 2 veces, y luego sentí una mano en la espalda, me giré y un wey me preguntó si quería sentarme, sonreí y lo hice. pensé tener suerte, pues a pesar del retraso de casi media hora con el que iba pude encontrar un asiento!! un asiento que nadie usó, y hasta me lo ofrecieron a mi!! estaba destinado por el universo para mi!! eeehhhhhh!!. sentado volví a mirar a la gente moviéndose, y pensé en lo que he hecho este año, sentí que había tirado a la basura los últimos 10 meses, sin siquiera darme cuenta. miré al wey que estaba sentado en frente de mi, y la expresión de su cara me desagradó, y deseé nunca verme así, con ese asco marcado en la boca, con esos ojos enrojecidos, con esa grasa que hacia brillar su frente y su nariz... miré al que estaba al lado de él, y tenía la misma expresión desagradable... luego miré al wey de mi lado, el que me dijo lo del asiento, me sonrió, pero no se por qué yo no hice lo mismo, sólo lo miré, vi su barba desaliñada, su suéter gris, mi cara reflejada en sus lentes, su cabello que caía sobre su hombro derecho... recordé los meses en que mi cabello era muy largo, recordé varias pedas, salidas de desmadre, recordé a mis amigos, los que ya no están, los que ya no veo, lo que buscaba en esos días, lo que necesitaba, lo que hacia, lo que me llenaba, lo que me hacia falta... recordé los intentos frustrados una vez más por ser feliz... recordé mis conceptos... recordé una vez que me perdí, y la angustia de no saber en dónde estás, ni qué haces ahí, ni a dónde tenias que regresar... y por unos momentos se me olvidó en dónde estaba, levanté la vista, vi el techo del vagón, y recordé a dónde me dirigía. vi el reloj, era tarde, pero el recordar todo me tranquilizó. no me levanté hasta llegar a la terminal, ya faltaba poco. bajé del tren, fui a la taquilla del tren ligero, compré un boleto, y lo abordé... me senté junto a la ventana, y me propuse ver la calle, nunca había estado por esos rumbos, bueno, no lo recordaba, así que quise poner atención al paisaje, ver esas calles y avenidas tan lejos de mis rumbos, ver los coches, la gente, los edificios... me dio sueño viendo la ventana, sentí como que mis ojos se cerraban, pero me despertaron las voces de dos mujeres de pie a mi lado, de esas que hablan muy fuerte, y dicen "oyes" frecuentemente, iban a un lugar en específico, lo repitieron varias veces, y repetían que debían bajarse en una estación, pero olvidé el nombre, y olvidé el lugar. en frente de mi estaba sentado un hombre que les hizo la plática, les recomendó bajarse una estación después, y regresar caminando porque según él estaba más cerca, y empezó a platicar aunque ellas sólo le decían, "sí, gracias". él les contaba que conocía varios laboratorios por ahí, que había muchos hospitales, cosas así... luego ellas caminaron hacia el otro lado del vagón, y luego ya no las vi. el hombre volteó a verme, y siguió platicando conmigo, me señaló un edificio muy grande en la calle con una gran reja blanca, me dijo que eran oficinas de hospitales de todo el país, pero no... era un plantel del tec de monterrey, se lo dije, y creo que se molestó, luego me comentó cosas acerca de los comerciantes ambulantes... que los policías son unos ladrones, pero que afortunadamente a "nosotros" no nos podían demandar, luego me dijo que tenia epilepsia y que en ese momento se dirigía a un hospital psiquiátrico, y luego se levantó y se fue. todo fue muy rápido, lo único que yo le dije fue lo del tec, a lo demás sólo respondí con silencio, porque la verdad perdí el hilo de la conversación desde un principio.
esperé otras cuantas estaciones, quizá 2 más, y bajé del tren, salí y seguí las instrucciones que me habían dado para llegar a donde iba, la rectoría de la universidad donde estudié. entré, firmé mi título, llené un cuestionario en una computadora, el cual reafirmó mi idea de que en los últimos 10 meses no había hecho nada productivo, salí e inicié el mismo recorrido. en el metro me detuve a pensar en las últimas personas que he conocido, las cosas que he deseado últimamente, mis planes...la gente y los lugares que son importantes en mi vida, y me di cuenta que en realidad no los conozco... y sentí que tampoco conozco ya a mis amigos, ni a mi familia, y me sentí aburrido, cansado... y solo, muy solo. quise cambiar el tema incómodo, y ocupar mi mente con las actividades del resto de mi día, pero no recordé nada, sentí que quizá las había olvidado en ese momento y me esforcé en recordar, pero no... me di cuenta que en realidad no tenía nada más qué hacer.

day of the dead

llegué a mi casa como a las 3 de la mañana, físicamente cansado por un día de movimientos constantes, aburrimiento improductivo, caminatas, corretizas, aburrimiento necesario, agotamiento mental, fastidio debido a fuentes externas, gratificaciones emocionales, físicas y mentales, y al abrir la puerta vi el resplandor pequeñito de 2 veladoras al lado de un plato con unas cuantas frutas. 2 vasos de agua, dos caballitos con rompope o algo parecido a simple vista, y dos minipanes de muerto.
qué es esto? órale, mi papá puso una ofrenda... pero a quién? no se sabe... la verdad nunca me he detenido a pensar mucho en las ofrendas de día de muertos que he visto en mi casa. no recuerdo si han sido muchas, y menos a quién se las ponen... quizá el año pasado hubo una también, pero no estoy seguro, no tengo el menor recuerdo...
con extrañeza, pero sin remordimiento, puedo decir que la ofrenda me pareció ridícula, y traté de analizar el por qué... no era muy vistosa, ni tienía adornos ni papeles de colores, ni muchas velas, ni fotografías... sólo se hicieron a un lado los libros y papeles que cubrían el mueble dejando libre un espacio pequeñito, se pasó un trapo húmedo para quitar el polvo, y se puso un plato con los vasos y lo demás. lo abundante o pobre de la ofrenda no debería importar, no creo que los muertos coman demasiado, es más... la verdad no creo que coman. quizá sólo les gustaría ver que los recordamos y somos capaces de dejar de correr unos momentos para descombrar un mueble y pasar un trapo, y poner un plato y un vaso para ellos... pero quizá sería más lindo que en vez de dedicar sólo estos minutos en este día del año a poner veladoras, dedicáramos algún sueño de cualquier noche de cualquier semana, o algún recuerdo a mitad del día, estando en el trabajo o la calle, o recordar alguna conversación edificante con ellos cuando aún estaban vivos, a cualquier hora, en cualquier lugar, y sobre todo seguido, sin esperar a que sea 2 de noviembre para manifestar el recuerdo...
creo que a mi me gustaría mucho que hicieran eso conmigo, aunque debo confesar que cuando nadie me llama en mi cumpleaños me dan ganas de llorar y matar a la gente que debería llamar...
hace poco escuché que cuando no olvidamos a los que mueren, no los dejamos trascender, ni pasar al siguiente plano de la existencia, y quizá no deberíamos ponerles ofrendas ni mirar siquiera sus fotografías... aunque quizá ésto no esté mal, y el secreto sea recordar sin extrañar, sin maldecir la partida, sin sentirnos solos...
cuando vi la ofrenda no pensé en ningún muerto en especial, no recordé a ninguno... más bien recordé los desayunos familiares que eran tradición en mi casa, los viajes de fin de semana, el café de una tarde cualquiera en una semana cualquiera... nada de eso existe desde hace unos meses, ni siquiera existen palabras entre nosotros, es más, ni siquiera nos vemos... nunca estoy en casa, y creo que nadie está ahí, porque todos estamos demasiado ocupados con nuestros propios asuntos... quizá nos refugiamos en ellos para pretender que no estamos tristes, quizá es muy grande el rencor y tenemos ganas de vengarnos de la manera más hiriente... o quizá siempre nos dio hueva eso de la familia unida, y ahora que encontramos un buen pretexto para deshacerla estamos felices, tan felices que ni siquiera necesitamos hablarnos ni vernos... no lo creo. quién sabe para quién eran las frutas, podrían ser para nuestros amigos muertos, o para nosotros mismos, para los recuerdos agradables de los días que ya pasaron y que quizá nunca se repitan...
creo que siempre me han gustado los muertos, y me gusta rodearme de ellos, por eso guardo la ropa que ya no uso, las sonidos que ya no escucho, las letras que ya no leo, mis colecciones de objetos que significan algo, que me recuerdan a alguien, algún lugar... que representan cualquier momento que ya no existe más, y que al parecer nunca se repetirá... sólo en mis recuerdos... yo mismo he muerto a veces... creo que todos hacemos lo mismo, se mueren nuestros lugares, nuestras compañías, nuestros deseos, nuestras ilusiones, nuestros castigos, nuestros temores...
como sea, la ofrenda fue una imagen extraña en mi mente... y no supe si reír o llorar.